FLOR DE MARÍA, A DOS AÑOS...
Comenzaré a decir algunas líneas al respecto delo que fue mi relación con mi abuela materna, doña Flor de María Calderón Reina.
Hace dos años exactos (murió a las 8:30 am) fui notificado de tan triste noticia. Yo trabajaba los proyectos de la Universidad ése día. Tuvo un cáncer terminal de páncreas que no se le diagnosticó a tiempo y, al final, la metástasis corrió por todos sus órganos internos, ésa fue la razón de su muerte. No falló su corazón, aunque tuvo problemas cardíacos, ni su presión arterial, fue la metástasis la que le dió muerte.
Una de mis primas mayores y yo, tuvimos la suerte de vivir con ella de niños. Comprendimos el valor de amar al prójimo cono a nosotros mismos, pues; aprendimos del ejemplo que ella nos infundó desde pequeños.
Nunca se enojó conmigo, aunque no fuí travieso de pequeño. Es más, tengo vagos recuerdos de niño donde ella me leía cuentos cada noche. Años más tarde, con la curiosidad por aprender más, entendí que ésa costumbre de la lectura nocturna de cuentos y fábulas para niños favorece a que éstos, de adultos, sean escritores.
Me infundó el hábito de la lectura, al igual que mi abuelo paterno.
De su parte, no obtuve un NO como respuesta. Siempre me dejó seguir adelante y acompañarme en cada empresa que montaba. Me cantaba una canción de cuna:
Dame la llave abuelita, y enséñame tu ropero;
con cosas maravillosas que siempre guardas tú para mí...
Y, con ésa canción comenzó mi travesía en el mundo literario, en el contexto sociopolítico que nos tocó vivir, en ver a ése roble viviente que debatía la consigna de que las mujeres NO son fuertes, NO son capaces de salir adelante - aún contra pronósticos médicos - y que NO son las premisas determinantes de la formación futura de los hijos y nietos.
Mi abuela me enseñó a luchar por mis sueños.
Recuerdo bien un día, donde me dijo que por qué no participaba en concursos como Latin American Idol o en La Academia, pues, le gustaba escucharme cantar... y que ella hubiera votado incontables veces con tal de verme triunfar.
¡Era de lo más ocurrente y pícara!
Me encantaba platicar con ella y ver la televisión con "su curso" (así les titulaba a los prime time de las novelas)
¡Y, qué decir de los tamales navideños con la receta secreta de la familia!
Me enseñó el principio básico del socialismo... dejó de comer muchísimas veces, con tal de darle a los desposeídos. Ése nivel de compromiso social, aún hoy, no lo he visto en personas que, teniendo el apoyo mediático con el que cuentan, no logran ése nivel de incidencia en la sociedad...
Mi abuela fue la primera que entendió mis poemas.
Dicen que me parezco mucho a su primer hijo, Willye Miranda... y por ello, cuando comencé a escribir más constantemente, me apoyó indudablemente.
Precisamente, en su lecho de enfermedad, escribí un poema que fue leído en su entierro: FLOR DE MARÍA, y se lo leí todavía estando consciente. Ése fue mi único regalo tangible que pudo recibir de mis manos y de mis pensamientos, y sé que se llevó el más grato de los recuerdos de mi persona, cuando lo leyó.
De ella aprendí a vivir la vida piadosamente, a comprender el entorno y ver la manera de apoyar y mejorar las condiciones de mis connacionales. Comprendí que las etiquetas sociales sólo nos hacen personas superfluas y vacías y que, un abrazo, dice más que mil palabras llanas.
Y, hoy, para recordarla; no quise escribir un poema, quise relatar - más bien - algunas de las tantas experiencias que tuvimos juntos; de la forma particular para brindarle amor a cada uno de sus hijos, nietos y nietos pegados con chicle.
El día de su velorio fue la cúspide de todas las obras que, a espaldas de la familia realizó.
Vimos el desfile - en la funeraria - de altas personalidades y de personas mendigas que "la sociedad" no voltearía a ver, pero; mi abuelita era el bastión económico y apoyo emocional para todas ésas personas desechadas por la sociedad de doble moral.
Ya dos años transcurrieron.
Aún así, me siento satisfecho de haber convivido con ella instantes de calidad, haber comprendido la realidad nacional con ojos de mujer y haberle escrito unos cuántos versos, aún en vida.
¿Si la extraño?
Es lógico.
Más, comprendo que ése es el ciclo natural de la vida, y que; por más que intente mantenerla en la memoria, ella físicamente no está más con nosotros.
Eso sí, está presente en cada pensamiento, en cada paso, en cada verso...

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