San Buenaventura.
Me pediste que escribiera
Dos mil versos a la nada,
Que pintara las frustraciones
Sobre el papel de las desventuras
Y me tomara el café
A sorbos de tristeza.
Dejaste en una nota
Pegada en la puerta de la apatía,
Cada uno de los incisos que decidiste,
Debía cumplir a cabalidad
Para poder salir del exoesqueleto
Y respirar smog,
Como todos los mortales.
Más, rompí la nota,
La nada se me hizo polvo
Entre los pensamientos,
Entre montañas que
decían mi nombre,
Y los miedos,
¡Malditos miedos!
Fueron cayéndose
Ante el vaivén de las oportunidades.
Oscilaciones cósmicas del viento
Que acariciaba mis cabellos,
Dándome palmadas de aliento
Asegurando mis pasos en la tierra,
Pensamientos en el cielo,
Y sueños en el aire,
Buscando la hipotenusa de mis pasos
En el Lago de Atitlán.

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