EL CANGREJO Y LA HORMIGA

Un cangrejo
emigró de su bahía:
detestaba al mar.

Se jactaba de sus tenazas de vinil,
logró establecerse en tierra
y construyó su fortaleza
en el mundo de los tercos.

Una hormiga
se cruzó por su camino,
su ritmo le dio envidia
y quiso desmenuzarla
con sus tenazas de vinil.

En la marisquería,
cocinaron una sopa de mariscos,
cazaron al cangrejo

En la olla,
los demás cangrejos refutaron su abolengo,
entre ideas y debates; el caldo salió rancio.

El cangrejo fue tirado
y debió reposar 
entre pescados descompuestos.

La hormiga,
prosiguió con su faena,
extendió su colonia
y vivió feliz, "sin tanto cuento".

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